Roberto Carlos

El Gran Rex fue una fiesta. Roberto Carlos más vigente que nunca hizo delirar a público de todas las edades.

Es como si no hubiese pasado el tiempo. El Gran Rex luce sus mejores galas. Hay en las plateas matrimonios muy elegantes, señores de traje junto a sus esposas con peinados de peluquería para la ocasión y hay muchas sonrisas, arrumacos y recuerdos en cada una de las canciones que Roberto canta.
En primer lugar, nos recibe una orquesta de 14 músicos que incluye vientos, percusión, coro y todos los chiches. Más tarde, nos enteramos cuando Roberto la presenta, que muchos de sus músicos están tocando con él desde la adolescencia, y ya han pasado más de 60 años. Y cómo se nota. Suenan impecables.
A lo largo del show, que dura dos horas, se suceden Emociones, Detalles, Cóncavo y convexo, El gato en la oscuridad, La distancia, entre otras.
En un momento habla de Gardel, dice que es uno de los más grandes cantantes que él admira y que se va a atrever a cantar El día que me quieras. Lo hace a su manera y no defrauda. Aplausos en la platea, pullman y superpullman.
Con Amigo, la gente delira, le grita cosas, él agradece. Se lo ve bien, con su remera y su saco de siempre. Es como si no hubiese pasado el tiempo. En la platea hay público de todas las edades, hasta hay periodistas rockeros disfrutando de esta velada. Es que Roberto Carlos es un pionero de la canción joven en Brasil. El fue parte de esa movida joven que hubo en el mundo cuando los Beatles aparecieron. Hay agradecimientos de parte de él y arroja flores a la platea. Las mujeres deliran, en ese mismo escenario que vio tantas veces hacer lo mismo a Sandro.
Todos esperan los bises que no se hacen esperar: Jesucristo, Un millón de amigos y Solamente una vez. Esos son los últimos temas de este show que se disfrutó de principio a fin. Confiesa Roberto Carlos que en éste país fue donde triunfó cantando en castellano y que el teatro Gran Rex fue el lugar donde se consagró.
Pasaron casi 60 años y la magia sigue intacta. Roberto Carlos es un grande de verdad y a esta altura se quedó corto cuando escribió que quería tener un millón de amigos. Impecable.

Marcelo H Oliveri

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